Buceando en la Isla de San Andrés

por Antonio Salinas Cervi

Cerca del puerto de Carboneras (Almería) surge del mar una pequeña isla con forma de  ballena, fruto de un pasado más violento. Se trata de la Isla de San Andrés, catalogada por la Junta de Andalucía como Monumento Natural en el año 2003. La isla está formada por dos islotes de roca volcánica, Isla Grande e Isla Chica.

La superficie de la isla está poblada de aves marinas como pardelas, cormoranes o gaviotas,

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Comida de hermandad del CUB después de realizar las inmersiones

pero no fue su superficie la que nos atrajo. A pocos metros bajo ella, cubierta por un increíble mar azulado, se extiende una alfombra de grietas y recovecos cubiertos por un tapiz de ondulante Posidonia oceánica. Es el mediterráneo en estado puro, primigenio, tallado por inmensas fuerzas geológicas del pasado. Cerca de esta isla podemos encontrar incluso una montaña sumergida, un antiguo cono volcánico que cuenta incluso con el cráter de eyección de materiales.

Este paisaje, de una enorme espectacularidad y con una vida exuberante, nos hizo madrugar a algunos miembros del CUB para salir desde Granada la mañana del mismo sábado y estar puntualmente a la hora de la inmersión. Pero esto nunca es problema cuando te prometen un día entre compañeros disfrutando del hermoso azul.

El centro de buceo elegido fue Branquias, de Carboneras, todo un referente del buceo de la zona. Su centro, amplio y bien distribuido, nos permitió cambiarnos de forma cómoda antes de coger la furgoneta que nos servía de lanzadera para llegar al puerto. La preparación de los equipos se realizó en el muelle y, tras solventar alguno de los típicos problemas de tóricas, nos embarcamos en el eficiente barco de Branquias.

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Las inmersiones no defraudaron. Concretamente realizamos “La Cueva de las Corvinas” y “El Cráter”,  y nos encontramos un mar cómodo, de increíble transparencia y lleno de vida. A nuestro paso se abrían los ordenados bancos de corvinas mientras los sargos exploraban el blanco fondo arenoso. El verde de la posidonia enmarcaba perfectamente el azul del mar, y las múltiples oquedades de la roca volcánica permitían mil escondrijos donde la vida se refugiaba. A ello se unían los múltiples arcos y túneles, así como el propio cráter por el que tuvimos que descender para salir del interior de la montaña, desde su parte inferior, hasta una terraza de arena blanca, casi caribeña.

Pero no vamos a seguir hablando, prefiero que lo veáis.  Aquí tenéis mi video, una pequeña muestra, por que es imposible mostrarlo todo en un video de 7 minutos, pero que creo que os gustará.

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